Liliana
Ese rostro. La sonrisa y el tono de la piel.
¡Dios mío! Estamos frente a la mismísima Mariela Morales.
—Mariela —Lorenzo se encuentra tan tenso que dificulto pueda caminar —. Sabía en el fondo que… —se retracta al instante —¿y eso? ¿tu por aquí? —su voz tiembla de rabia.
María me abraza por la cadera y la coloco detrás de mí. me fijo que Lorenzo no mira a Mariela, sino que detrás de ella se encuentra un hombre con rostro de piedra, pero que me mira con interés. Lorenzo empuña ambas mano