Los pensamientos de Imery sobre su pronto marido invadían su cabeza uno tras de otro, hasta que su mente quedó completamente en blanco cuando la vista del Rey Darién se posó justo en la dirección donde ella estaba.
Sabía que estaba viendo hacía ella por la dirección de su cabeza. Más la expresión del Rey no era nada visible para ella a esa distancia.
Ella seguía viendo fijamente en dirección al Rey sin apartar su vista. Viendo como el Rey tampoco apartaba su mirada de la dirección donde ella