¿Que podría ser más triste que volver a la habitación que compartimos y que ya no estés más?
Incluso ha sido remodelada y ya no queda ni un rastro de tus pertenencias aquí, pero sigo viéndo la estructura y con ello me basta para imaginar tu larga y delgada silueta moviéndose por los alrededores.
Miro tu balcón favorito y salgo a el reposando mis brazos en sus bordes. La brisa fría de la noche no se compara con el frío que dejó en mi corazón tu partida. Pensando en cuantos momentos pasamos j