Laura.-
El encierro ya comenzaba a afectarme, cada día siento que estoy perdiendo la cabeza.
Como si el aire me faltara, caminaba dentro de mi celda de un lado a otro, debería estar en un quirófano o en un laboratorio en este momento, pero estoy aquí.
¡AQUÍ! Encerrada y sin poder ni siquiera consolar a mi hermana y a mis sobrinos.
— ¡Harper, tienes visitas! –gritó la guardia mientras abría la puerta.
— ¡Gracias a dios! –salí como cohete de la celda, no importaba quien estuviera al otro lado