Capítulo 32. Quiero que sigas siendo mi esposa.
Después de terminar de hablar con Bastián, Meyers la llevó a la habitación y al apenas entrar le dio un pequeño beso en los labios.
— Lo siento por desconfiar de ti, pero necesitaba asegurarme que no fuera cierto lo que Carla me había dicho. — Se disculpó al separarse del beso, acunando la carita de ella entre sus manos.
— No te preocupes, lo entiendo. — Dijo ella con una pequeña sonrisa, pensaba que en su lugar ella también hubiese hecho lo mismo.
— Eres asombrosa, me encantas. — Espetó ant