Capítulo 31. Es mentira.

Al día siguiente Meyers no dejaba de mirar a Isabella esperando que ella finalmente se despertara, ella había pasado toda la noche durmiendo y él solo había podido dormirse unas pocas horas, tanto por la incomodidad del sillón como por las preocupaciones que tenía en mente.

— ¿Dónde está Bastián? ¿Está bien? — Preguntó Isabella al apenas despertar, aún un poco adormilada.

— No te preocupes, él está bien, lo llevaron a casa para que descanse, ¿Tú cómo te sientes? — Cuestionó él, al ver que la
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