POV Alessandro
Entramos a la sala y el aire se vuelve denso de inmediato. Mis ejecutivos, hombres que visten trajes de tres mil euros usando perfumes caros, pero en este momento yo siento olor a ratas. Se acomodan en sus sillas de cuero con esa complacencia que hoy, por primera vez, me resulta irritante.
Siento que aquí dentro, hay más de un Judas esperando entregarme.
Pero se van a quedar con las ganas, porque yo tengo a mi arma secreta. Con la ropa rota, pero con el cerebro intacto y presumo