Había llegado la mañana Arturo despertó sintiendo un terrible dolor en su cuerpo como si lo hubiesen aplastado dos carros, tiro sus pies al piso y sostuvo sus dos manos del borde del colchón, bajo su cabeza miró su teléfono y eran las seis de la mañana
—puedo oler lo cerca que esta mi loba—
Arturo miró rápidamente para los lados buscando quien le había hablado
—debo estar loco o el cansancio aun no se me quita-
Estiró el cuello y los brazos mientras bostezaba
—¿entonces no recuerdas que me ti