Dos días después del nacimiento de las mellizas, el sol de la mañana bañaba con una suave y cálida luz el cuarto del hospital, mientras Jenna se hallaba sentada en la cama, con ambas mellizas en brazos, intentando amamantarlas. El cansancio era más que evidente en su rostro, pero la felicidad de haber dado a luz a sus dos pequeñas le permitía mantenerse firme, a pesar de que la preocupación empezaba a apoderarse de ella, ya que las regordetas caritas de las bebés estaban enrojecidas por el llan