Era una de esas tardes en las que los nervios estaban apoderándose de mi cuerpo. El motivo era más simple del que debería preocuparme, hoy es el cumpleaños de Sara. Con ese motivo en mente es que Leandro y yo nos estamos dirigiendo a la casa de su primo a celebrarlo.
—¿Fue el auto o tu mano la que tembló? — cuestiona curioso mi esposo.
Él lo podía sentir, estábamos en el asiento trasero tomados de la mano, esa mano que me delató y tembló de la expectativa.
—Tuvo que ser por la vuelta que dimos…