Estoy durmiendo con tal gusto y tranquilidad, que deseo que estas horas duren para siempre. El calor de Leandro envolviéndome desde atrás me daba una clase de bienestar inaudito para mí. Pero un ruido en la habitación me hace abrir los ojos del susto.
Había amanecido y seguíamos en ropa interior.
Para mi martirio el ruido no fue algo de mi imaginación, estoy viendo a Laura, una de las empleadas mayores de limpieza, ordenar la habitación. Está recogiendo los platos sucios de pay de fresa y había