Estaba comenzando a dudar de mi capacidad para leer a los hombres. Y es que, hasta donde sabía popularmente el término “ver películas”, no era usado para apreciar al séptimo arte, sino para apreciar los cuerpos humanos. Si era así, qué demonios estaba haciendo Leandro al haberme puesto a tragar tres películas de acción a estas horas de la madrugada.
Después de casi cinco horas de esta sesión de cine nocturna en su cama, mis ojos no daban para más, mi cuello tampoco daba para más del sueño que t