Kath se apresuró lo más que pudo en llegar al lugar donde James la esperaba.
—Estás enorme —fue lo primero que le soltó su cuñado al verla.
Se encontraba sentado en el asiento del copiloto y la veía a través de la ventana.
—Me veo en el espejo a diario, ya sé que estoy enorme. —Lo escuchó reír y Kath frunció tanto el ceño que lo hizo esbozar una sonrisa más grande.
—Anda, sube, que te voy a enseñar lo que compré.
Kath se sintió confusa.
Se suponía que iba a llevarle todo lo necesario para que d