—¡No puedo creer que esto esté pasando! —gritó Elena.
Había llevado a su hijo James al antiguo despacho de su padre, en aquella zona podían hablar con mayor tranquilidad al ser menos transitada por los empleados.
—Yo sí podía esperar algo así de mi hermano —siseó James con los dientes apretados y lleno de furia—. Si fue capaz de casarse con ella a pesar de tus objeciones, ese imbécil es capaz hasta de ponerse frente a una bala por esa mujer, está idiotizado. Lo que sí no puedo creer es que fuer