Ava se sentó en el borde de la colcha con temática oceánica de Bastián y sus dedos trazaron las olas bordadas mientras buscaba las palabras adecuadas. La habitación estaba en silencio, excepto por el zumbido de la luz nocturna, que arrojaba un suave brillo sobre el rostro expectante de su hijo.
—Cariño —comenzó Ava, su voz apenas era más que un susurro, —Papá... Papá está en el cielo ahora.
—¿Podemos ir a verlo? —La inocencia de Bastián atravesó su corazón como una aguja que se enhebra en una