El teléfono de Sebastián vibró con una sensación de urgencia que sólo los mensajes de su padre podían transmitir.
Miró la pantalla, las palabras '¡Reunión AHORA!', sonando hacia él como una alarma. Con un suspiro de resignación, recogió el maletín de cuero que descansaba contra su escritorio, cuyo contenido estaba meticulosamente organizado, un reflejo de su propia mente metódica.
—¡Sebastián! —La voz atravesó su enfoque y se giró para encontrar a Antonio caminando hacia él, con las líneas en