La luz de la luna se filtraba a través de las cortinas transparentes del dormitorio de Ava, proyectando un brillo plateado sobre su figura solitaria. Yacía en su cama, inmóvil como una estatua, mientras la agitación del día proyectaba sombras en su mente.
Desde la pelea con Alejandro en la empresa, Sebastián salió de prisa y no regresó, era casi media noche y Sebastián no llegaba a casa.
Pero a medida que pasaban las horas sin señales de él, la fatiga tiraba de sus párpados, arrullándola en u