André tomó una calada larga a su puro, y luego expulsó el aire, que se vio extendido por todo el cuerpo desnudo de Samara, y que ahora reposaba en la cama totalmente dormida.
Había tenido una dosis de tres sesiones de sexo, suave, y sutil con su dulce Samara, dosis que pensó perdería el control, pero se abstuvo hasta el último momento.
Ahora solo la observaba en silencio mientras se complacía en como todo el humo que soltaba en dirección de su cuerpo, se esparcía por toda ella.
Era su cuerpo