CAPÍTULO 37

Yara sentía su mundo nublarse, dejó de forcejear y fue cediendo a ese ardiente beso, que estremecía todo se ser.

Mikayl mordió suavemente sus labios, bajó a su cuello y subió por el hasta llegar al lóbulo de su oreja mordió y succionó suavemente, pasó su lengua sutilmente por su oreja y volvió a su boca. Sus lengua se encontraban y se enredaban.

—¡Oh! Yara, Yara eres hermosa mujer, tu Baca me sabe a dulce. —susurró sobre sus labios, y volvió a devorar su boca.

Bajó por su pecho, abrió su blusa
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