Yara viajó de Rusia a Estambul, un séquito de guardaespaldas la custodiaba y fueron a la mansión Aksoy.
Yara sentía su corazón acelerado, saber que por fin su hermana estaba completamente realizada en compañía de su hija y del hombre que ama, sentía que ya nada podía interrumpir su felicidad.
Llegaron a la mansión y bajaron de los autos, caminaron al jardín y ahí estaban. La pequeña Gül corrió a los brazos de su tia y ella la alzó en sus brazos.
—Tia...mamá regresó, ya no volverá a trabajar lej