El beso nos consumió a ambos, quemándonos como un fuego que no teníamos interés en apagar. La boca de Marcus se movía contra la mía de tal manera que hacía que todo mi cuerpo cobrara vida. Sus manos estaban por todas partes, acariciando mi rostro, deslizándose por mi cuello, agarrando mi cintura como si necesitara confirmar que yo era real y que estaba aquí con él.
Enredé mis dedos en su cabello, acercándolo aún más, aunque ya no quedaba espacio entre nosotros. Las velas parpadeaban a nuestro a