—Todo es para bien, alfa —respondió el portavoz.
A juzgar por la mirada asesina en mis ojos, retrocedió varios pasos, volviendo a su asiento. Quería matarlo, asfixiarlo hasta que estuviera sin aliento y al borde de la muerte.
La voz de Escarlata me sacó de mis pensamientos.
Ignoró la bomba que el gabinete acababa de soltar, así como la tensión en la sala. Dijo:
—Discutiremos tu propuesta con nuestro líder y regresaremos con una respuesta. No vinimos aquí para tomar decisiones por ella. Te avisa