Respiré hondo, tratando de salir de la neblina roja que cubría mi visión. La rabia era casi cegadora, y debajo de ella, esa cosa peor, esa necesidad desesperada y arañadora que había despertado en el momento en que vi su rostro. La quería como al aire. Me di cuenta de que no había estado respirando desde que la perdí. Por un momento, me sentí vivo de nuevo, solo para que me arrebataran eso.
—Dime algo. Durante años, hasta donde yo sé, los Nephilim estuvieron extintos. Solo unos pocos sabían de