Punto de vista de autor:
Leila estaba de pie frente a la entrada del hospital, con los brazos cruzados sobre el cuerpo para protegerse del frío de la madrugada. Llevaba casi una hora allí, mirando las puertas, mientras esperaba.
Sabía que debía irse a casa, pero no podía obligarse a marcharse. Todavía no.
Finalmente, las puertas se abrieron y Zaron salió del edificio con aspecto exhausto. Su uniforme estaba arrugado y su cabello, normalmente impecable, le caía suelto alrededor de la cara. Se de