El entrenamiento comenzó con la respiración.
—Cierra los ojos, concéntrate en tu respiración. Inhala por la nariz, exhala por la boca lenta y profundamente —instruyó el anciano.
Hice lo que dijo, sentada con las piernas cruzadas sobre el cojín, con los ojos cerrados, respirando al ritmo medido que había establecido.
—Bien. Ahora, mientras respiras, quiero que visualices tu poder como una luz dentro de ti. No aterradora. No peligrosa. Solo luz. Energía pura.
Busqué dentro de mí, sintiendo esa pr