~Norman~
Siento que el escritorio de mi estudio podría romperse bajo la presión de mi agarre. Camino de un lado a otro, con el teléfono apretado tan fuerte contra mi oreja que empieza a latirme la sien. Cada segundo que marca el reloj de pared en la esquina se siente como una gota de tensión cayendo en mi estómago.
—¡Cuatro días! —rujo por el teléfono, y mi voz resuena en los techos altos—. Han pasado cuatro días, ¿y me dices que no tienes nada? No te pago para que me des excusas. ¡Te pago para