Azaleia
Dicen que después de la tormenta llega la calma, pero nadie cuenta de los destrozos que deja o como, los que quedamos, tenemos que juntar los pedazos rotos, curar las heridas y continuar con nuestras vidas como si nada.
Quedarme en mi habitación por días era fácil. Sentía que poco a poco había perdido las ganas de hacer algo. No era porque el hombre al que yo admiraba y quería me había confesado que evidentemente no retribuía mis sentimientos, sino que estaba tan atrapado como yo en es