— ¡Mi alma!… ¡Qué bueno que ya estás de pie!—exclama Ludmila, parándose frente a mí y tanteándome el rostro con cariño. Su actitud me hace sentir como si fuera algo que no disfruto desde hace mucho tiempo, ése cariño maternal que te toca directamente el corazón. — ¡Estábamos tan preocupados porque no despertabas!— agrega Ludmila, siendo muy amable y calurosa.
Desde el momento en que la vi aparecer, sentí que iba a ser así.
Decido que instantáneamente esta mujer me va a gustar se ve amable y tal