Dina Hidalgo
Pablo llega con Daniela y yo frunzo el ceño cuando noto que Daniela, quien es una niña muy tranquila, corre a mis piernas y me abraza con fuerza.
— ¡MAMÁ!— grita alegremente.
—Mi niñaaaa…— la recibo felizmente y la tomo en brazos.
Ella me da un beso, pero luego se retuerce; luchando por zafarse de mis brazos.
¿Qué…?
— ¿Qué le diste?—muevo mis labios en dirección a Pablo, ningún sonido sale de mi boca.
Él se encoje de hombros, como si no tuviera idea y yo entrecierro los ojos