El cansancio, las emociones y todo lo que había vivido en estos últimos días habían pasado factura en Débora, su cuerpo vencido se dejó llevar por un sueño profundo del que despertó ya bien entrada la mañana a causa de unas risas en la habitación y notar que tiraban de la ropa de la cama.
-Despierta “bora”..., tarde… – Repetía insistentemente una voz infantil.
Abrió los ojos y lo primero que vio fueron unos ojitos de color miel que la estaban mirando fijamente. Tardó unos minutos en ubicarse h