-¿Tú debes ser David? –Preguntó Débora con una sonrisa dirigiéndose al niño. -¿Quieres darme un abrazo o tienes miedo a ensuciarte? – Esa sonrisa debió agradar al pequeño puesto que levantó sus brazos para que Débora pudiera levantarlo. Le dio un beso en la mejilla y se giró para que su padre, que ya estaba tras ella también pudiera besarlo. Aún con el niño en brazos, que enseguida empezó a juguetear con la larga melena de la muchacha, le presentaron a Remedios y José, un matrimonio mayor enc