Débora escuchaba atentamente, sin intervenir en la conversación, tampoco habría tenido mucha opción de hacerlo puesto que los dos hombres estaban tan enfrascados en sus cosas que casi no se daban cuenta de la presencia de la muchacha. O eso es lo que Daniel quería que ella creyera, puesto que no había dejado de observarla durante toda la cena, y lo que veía le gustaba mucho. Así arreglada se dio cuenta de que era preciosa, poseía una belleza serena y tranquila, con una inmensa sonrisa. No era