La muchacha intentó negarse otra vez, ya no se trataba únicamente de compartir habitación con un perfecto desconocido, ella no encajaba en ese lugar, miraba nerviosamente a todos lados con miedo a tropezar y romper alguno de los seguramente carísimos objetos que contenía esa estancia, pero no logró su objetivo. El hombre se dio cuenta esta vez sí de su nerviosismo y zanjó la discusión, tomándola cariñosamente del brazo…, la obligó a mirarlo a la cara y le habló con tono pausado, todo lo máximo