Arriba, Frank, quedó encargado de seguir todo su proceso, informó al fiscal y a las autoridades del distrito y aunque no le correspondía llamó a jefe de policía del pueblo donde se había cometido el asesinato, seguía sin cuadrarle nada y decidió indagar más sobre la personalidad de la joven, más que nada para corroborar sus sospechas de que esa preciosidad que tenían encerrada encubría al verdadero asesino. Pero a quién, lo dicho, quizá al propio marido de la víctima, el todopoderoso Savater.