Entró en la pequeña salita y se presentó con formalidad:
-Soy el inspector Fernando Díaz, ¿y usted?
Débora se presentó, el policía la acompañó a un despacho situado al fondo de la comisaría. La estancia era de lo más impersonal una mesa metálica en la que solo había una pantalla de ordenador. Dos sillas a cada lado y una pequeña ventana por la que se colaba la luz diurna.
Quedaron sentados frente a frente, el policía permaneció unos minutos en silencio mirando fijamente a la mujer. Ella no