Daniel siguió contemplando al amor de su vida, se habían acabado las noches tristes añorándola en la soledad de su habitación. Su cama ya no volvería a estar vacía. Ahora ya nada los separaba, iban a estar juntos para siempre. Se casarían enseguida, tan pronto tuviera solucionado todo el papeleo legal, ya había iniciado los trámites, le quedó tiempo esa misma mañana.
Ahora quería hacerlo bien. Sería una gran boda, no como la primera. Débora se lo merecía. En la vieja capilla del rancho, y