Daniel se enojó cuando oyó a esa cínica mujer llamarlo cariño, llegó al límite de perder los estribos. Afortunadamente logró contenerse, ahora eso sí, le prohibió vehementemente que volviera a llamarlo así en la vida, y remarcó que era ella a la que correspondía hablar:
-¿De cuánto tiempo dispones? – preguntó cínicamente Rebeca llevándose el dedo índice a la muñeca izquierda simulando consultar un imaginario reloj.
-¿Para qué?
-Pues supongo que querrás saber lo que he hecho este tiempo, los lug