-¿Estás segura? Eres una menor y encima virgen, ¿O lo eras...? No hay duda posible, en tu cuerpo están las pruebas –Levantó su dedo en dirección a sus muslos manchados – Así que no te queda de otra que hacer lo que yo diga, al menos hasta que desaparezcan las pruebas físicas o a mí se me ocurra alguna idea para salir de este embrollo.
-¡No!, no… ¡Por favor! Se lo suplico, por lo que más quiera, deje que me vaya… - rogó con todas sus fuerzas, consciente pero que no iba a servirle de nada pues la