Los días posteriores a la fiesta de cumpleaños transcurrieron más que apacibles. A Daniel se le antojaba un sueño disfrutar de un mínimo de sosiego en su vida. Incluso la indolencia de Lisbeth con todo y con todos, menos con Débora a la que obsequiaba con más de una grosería, le parecían una pequeñez. Su hermana continuaba frecuentando al doctor, un punto positivo, y a los Montrail, lo que ya desagradaba un poco más a su hermano, pero para no perjudicar más su relación había decidido obviarlo