La comida entre risas yacompañada de caras felices sienta mucho mejor. Una vez saciada su sed de amor, Daniel se prometió a si mismo nunca más regresar a la soledad. Iba a pasar el resto de su vida dedicado a ser feliz y a llenar de amor a sus seres queridos. A dos de ellos los tenía delante, con la cara manchada de chocolate, riendo como si no hubiera mañana.
-¡Venga va, terminad de comer! hace un día magnífico y será un desperdicio que lo pasemos aquí encerrados. -Cogió a David en brazos – V