Afortunadamente Daniel no tenía nada de importancia. Sólo golpes y moratones que desaparecerían con el tiempo. Volvió a quedarse sólo y a oscuras, había corrido las cortinas adrede, la noche en vela le había dejado una terrible jaqueca y prefirió la oscuridad y el silencio. Interiormente sabía que no lograría apartar ese dolor de su cabeza, por muchos analgésicos que tomara y mucho menos de su corazón. Oyó como se abría la puerta de la habitación contigua, prestó atención y escuchó la voz inf