-¡Termínate tu whisky y ven conmigo! – Le ordenó con firmeza, al tiempo que señalaba con la cabeza la parte posterior del establecimiento donde estaban situados los reservados. – Veo que no eres muy habladora, me gusta, yo tampoco tengo muchas ganas de hacerlo.
-¿Hacer que? – preguntó la chica como si bajase del guindo y sin obedecer puesto que no bebió más.
-Hablar, por supuesto – Aclaró él, guiñándole el ojo nuevamente.
Vaya… Se había encaprichado de una chica no muy espabilada, al parecer