Javier estaba decidido. Su progreso en la terapia, aunque lento, le daba esperanzas, pero más allá de su recuperación física, lo que más deseaba era ver la cara de sorpresa de su hijo, Dylan. Desde que despertó, había soñado con el momento en que podría volver a abrazarlo, no solo como el padre que siempre había sido, sino como un hombre renovado, dispuesto a reconectar con él.
Dylan estaba estudiando en el extranjero, enfocado en sus estudios y construyendo su propio camino. Javier sabía lo im