Al día siguiente, Javier se levantó temprano, lleno de entusiasmo por visitar las instalaciones de la Fundación Santos. A pesar de que aún dependía de su silla de ruedas, su energía era contagiosa. Valentina lo acompañó, siempre atenta a cada detalle, pero dejándole el espacio necesario para sentirse independiente.
La Fundación Santos se encontraba en un amplio edificio rodeado de jardines llenos de vida. Los colores vibrantes de las flores contrastaban con el cielo despejado, creando una atmós