Regresar a la ciudad no fue fácil, y aunque Ourville les dejó una sensación de paz, la realidad de los negocios y las responsabilidades personales pronto los alcanzó. El viaje había sido un paréntesis perfecto, pero el reloj de la vida seguía avanzando. La ciudad, con su ruido constante y su ritmo acelerado, les esperaba.
Al llegar, Javier y Valentina se sintieron renovados, pero al mismo tiempo, los desafíos seguían allí, esperando ser enfrentados. El regreso de Ourville fue un suave despertar