— Adrien, ves, no todo está perdido, pronto estará bien y podrás amarla — dijo Renata con una sonrisa forzada en su rostro cubierto de lágrimas
— Es lo único que quiero, que se recupere y que podamos estar juntos, mi madre al fin ha sacado a Valeria de mi casa, y espero pronto esté listo el divorcio — Repuso Adrien volviendo al sofá en el que había llorado
— Indudablemente, la amas, y te agradezco — musitó Renata
— Sí, desde que llegó a la empresa se volvió mi cómplice, la observé tantas veces,