Adrien terminó de organizar unos pendientes en la oficina, y salió de prisa hacia el hospital. La angustia lo estaba lastimando, pero eso era lo único que lo mantenía en pie, bajo la certeza de que amaba a Emely, que ella se había convertido en su luz, en su único camino, en la verdadera razón para continuar viviendo.
— Adrien — dijo a media voz la triste mujer que cargaba unas ojeras terribles, por las noches de desvelo
— Renata, te ves demasiado cansada, lo mejor será que hoy descanses, me q