Los hombres de Franco al ver a su jefe muerto, se descontrolaron, los agentes de la DEA capturaron a varios delincuentes, mientras otros abrían fuego, buscando venganza.
Rafael corría sosteniendo con ambas manos su arma, agudizando su vista, para localizar al hombre de confianza de aquel delincuente, entre las calles de la urbanización. Su corazón palpitaba con furia después de todo lo ocurrido.
A través de su intercomunicador dirigía al grupo de agentes que estaban a su cargo para peinar l