Harry vuelve a tomarme del cabello, del que tira de mí hasta ponerme de rodillas en la arena nuevamente, pare luego, con su mano en mi espalda, presionar para que me incline, hasta que siento cómo la humedad me corre resbalando suavemente por mis muslos.
- ¡Dios! Puedo ver desde aquí perfectamente cómo tus fluidos brillas bajo los rayos del sol, eres una chica muy traviesa
Al escuchar sus palabras no puedo evitar sonreírme maliciosamente. Arqueo mi espalda todo lo que soy capaz de hacerlo para