—¿Qué vamos a hacer?
—Esto es un gran problema
—Nos va a asesinar si no encontramos sus malditos listones. — Los chicos estaban alterados, y lo entendía. Yo estaba igual. Estábamos a unos días de la fiesta y la inauguración del festival. No se arruinarían las cosas por un maldito listón.
—No tienen servicio postal ni correo. — Miré a Austin. Lo sabía, pero pensé que tenía una leve esperanza. No me quedaba más que viajar.
—¿Ana?
—¿Sí?
—Busca el vuelo que salga en seguida a la ciudad.
—Claro.
—¿I